Una de las cosas más duras de gestionar en la vida son las ausencias. Todas las personas hemos perdido a otras. Lo definitivo de la muerte no necesita explicación y pese a ello siempre tenemos en la cabeza el "¿por qué?
Las circunstancias en las que se da esa muerte de alguien cercano puede ser un agravante de dolor por esa pérdida. Normalmente la gente llora a sus muertos en los funerales, pero es con el tiempo cuando esa ausencia se hace insufrible.
Hay otras ausencias que pueden ser definitivas y que pueden hacer, incluso, más daño. El hecho de que hayan sido evitables puede generar una sensación de asfixiante culpa, nostalgia, desconcierto y hasta oprimir nuestro pecho cada vez que las sientes.
Es la terrible presencia de lo ausente uno de los peores estados mentales.
Internet y la forma de comunicación que se está convirtiendo en mayoritaria puede propiciar la creación de ausencias. Todo pasa a ser muy instantáneo, cambiante. Pilares sustituibles que no soportan el peso de nuestras emociones. Legión de seres inadaptados, incomprendidos en un mundo de comunicación en el que no sabemos comunicarnos. Ocurre que no sabemos realmente lo que importamos a las personas con las que interactuamos y generalmente la balanza muestra un gran desequilibrio entre lo que ponen, lo que necesitan, lo que están dispuestos a poner y sobre lo que estás dispuestos a renunciar.
Si de verdad pudiéramos decir con propiedad eso de CONECTADOS...
A tod@s los que formasteis parte de mi vida y os niego la posibilidad de salir de mi corazón.


















