
Esta pintura pertenece a una de las últimas exposiciones que he visto recientemente: "Primitivos, el siglo dorado de la pintura portuguesa. 1450-1550".
Me gustaron algunas obras especialmente, entre ellas este infierno de autor anónimo. Tuve que contener la risa mientras lo disfrutaba, puesto que hacía de anfitrión de unos familiares bastante religiosos. Y he de decir que mi carcajada silenciosa es de alegría ante la comprobación de que con el paso del tiempo, el motivo de la utilización de esta temática que no era otro que amedrentar, atemorizar (acojonar) a los fieles es, ahora, ineficaz conmigo, y con casi cualquier persona. A la vez sentí tristeza por todas aquellas gentes llenas de miedos infundados, aterrorizados ante la vida, ante el más allá. Consiguieron por entonces, la jerarquía eclesiástica y monarquías visionarias, lucro emocional y económico con estas artimañas y otras peores, pero la clave es pensar ¿lo hacían a propósito, o por el contrario, era la manifestación de profundas convicciones religiosas? Supongo que ambas respuestas son válidas.
En la época en la que se realizaba este lienzo, la "olla" de la Reforma hervía ante las atrocidades cometidas en nombre de Dios. Una renovación y auto-reflexión que no era novedosa, porque a lo largo de toda la Edad Media ya hubo numerosos movimientos que cuestionaban el hacer de la Santa Sede y sus funcionarios.
La Contrarreforma Católica puso todos sus esfuerzos, y a su servicio el Arte, para que las ovejas no salieran del redil.
Para finalizar y dar nombre a la entrada me ha venido a la cabeza esta ochentera "nos vemos en el infierno" de Dinamita pa los pollos.






