Casualmente en el año en que el Flamenco es elevado a la categoría de INTANGIBLE CULTURAL HERITAGE OF HUMANITY (Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad), ha fallecido uno de los responsables de ennoblecer ese bien cultural, ese Arte.
Sobre el origen de su "duende", el de Sacromonte decía:
"El cante empieza a nacerle a uno de eso, de oír cantar a los demás en su pueblo, de oir cantar a la gente en su tierra. Grupos de gentes que los oyes que se reúnen en una taberna y que empiezan a cantar y que los oyes tú y que empiezas a cantar también: oyes que en las fiestas familiares todo el mundo canta y todo el mundo bebe, todo el mundo baila y...Aparte de eso, resulta que, claro, necesitas una técnica, necesitas una escuela, necesitas aprender. Para eso, lo que te hace falta...la principal ayuda es la afición; y después, el sentido para saber de quien hay que aprender y de que Fuentes, dónde está lo bueno. Entonces te vas."
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Grafiti Flamenco de "el niño de las pinturas"
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"Enrique Morente ya está donde penas y dichas no son más que nombres, como él cantaba en una de sus idas y venidas a los versos de los grandes poetas, a los que dio un nuevo vuelo desde su quijotesco y surrealista modo de entender el flamenco, de cuya ortodoxia, curiosamente, era el dueño.
Morente era todo: el ortodoxo, el vanguardista, el que se adapta, el que experimenta, el paciente, el escapista, el de vertiginoso pensamiento y sentencias como fogonazos geniales, el de las rendijas por ojos, el de amigos hasta en el infierno, pero, sobre todo, el artista que hiciera lo que hiciera fascinaba al público...
La inquietud, la improvisación y el arte fueron su sello, orgulloso de que su nombre atrajera a los nuevos flamencos y enamorara a los de raza...
Era su peor crítico, «el más terrible», siempre enfadado con él mismo porque, aseguraba, nunca hacía las cosas como quería.
Hoy hago bien las cosas con las que soñaba hace diez años. Soy el Morente que hace diez años quería ser», como si fuera un verso de sus adorados Miguel Hernández, Federico García Lorca, Antonio Machado, Lope de Vega, San Juan de la Cruz, o Pablo Ruíz Picasso, en cuyos brazos «moría»."