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25 de noviembre de 2013

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El cuento que no debió existir

Erase una vez un manco que tenía por novia a una bella mujer ciega. Su relación en la calle era idílica, él irradiaba ternura con su respeto a las mujeres desconocidas. Cuando se juntaba con los amigos se transformaba, hablaba de las féminas como mercancía y con un desprecio despreciable, y fardaba de sus habilidades sexuales,.
Ella, por su parte era todo ternura. Se quedaba ensimismada mirando a niños en el parque aunque no pudiera verlos. Su andar chepudo, con la espalda arqueada, era un símbolo de hermetismo. Siempre dejaba a medias sus conversaciones. Sus ojos, con frecuencia, relucían con un brillo húmedo al ponerse llorosos. Cuando hablaba con un hombre que no fuera su marido, giraba siempre la cabeza y agachaba su mirada. Era una mujer de inmensos y melancólicos párpados.
Diariamente ocurría que cuando se juntaban en el interior de su domicilio, ella, como por arte de magia, empequeñecía con cada palabra de su amado. A él le crecía la boca, empezaba a babear como un can. Las paredes temblaban, los objetos cambiaban a colores ténebres. Ella se sentía culpable de todas las metamorfosis extrañas que ocurrían en su casa.
Pero todo cambió un soleado día, en el que el hombre se despertó y sintió que su cuerpo era diferente, ya que su anatomía contaba ahora con dos sanos brazos. Reaccionó y mandó información al cerebro que intentó emitir una respuesta de movimiento, pero los brazos reaccionaron de manera independiente y se recluyeron hasta posar sus manos en su boca, dónde quedaron selladas. Su mujer lo contempló todo con una recuperada, de manera milagrosa, vista. Se sintió guapa y contempló su cuerpo por primera vez en el espejo. No recordaba aquel tiempo en el que caminaba así de erguida y sus piernas eran mucho más largas de lo que pudiera haber imaginado. Salió dando un portazo que retumbó armonioso, sonó a allegro clásico, también era algo para ella novedoso. Sonrío con cara de pionera felicidad y se alejó tan, tan, lejos que volvió a encontrar aquel recóndito lugar llamado "yo".

Moraleja: Todo lo que te destruye, se deja.



A todas aquellas mujeres vejadas, a lo largo de la historia en cualquier lugar
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23 de abril de 2012

26

Leo, luego existo

"Los malos libros provocan malas costumbres, y las malas costumbren provocan buenos libros." (Descartes)

Dice Daniel Pennac que "el verbo leer no soporta el imperativo. Habría que decir: Lea lo quiera, como quiera y donde quiera. Porque leer es, ante todo, un placer voluntario." También este autor, propuso un decálogo de derechos del lector...


Ayer no tuve oportunidad de subir un nuevo corto pero, aprovechando la celebración de hoy, voy a sugeriros el visionado del siguiente (15 deliciosos minutos), que espero os guste, apasionad@s lectores.



El libro, ese destacado vehículo para el vuelo sin motor, que es el principal ideal que busca la comunidad de este blog.






Por último, quería desearos un feliz día del libro y Sant Jordi "a les catalanes i catalans". 

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11 de diciembre de 2011

19

Ni bella ni durmiente


Esta noche os propongo este corto-cuento para ayudaros a conciliar el sueño (o no). Se trata de Granny O'Grimm's Sleeping Beauty dirigido por el irlandés Nicky Phelan. Una abuela que da una vuelta de tuerca al cuento de "la bella durmiente"

Terroríficamente gracioso :S

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9 de noviembre de 2011

24

El tesoro bajo el puente


Puente de San Carlos, Praga.


Es la historia del rabino Eisik de Cracovia que, el experto en hinduismo, Heinrinch Zimmer extrajo de los Cuentos Jasídicos de Martín Buber. Este piadoso rabino, Eisik de Cracovia, tuvo un sueño que le ordenaba ir a Praga; allí, bajo el gran puente que conducía al castillo real, descubriría un tesoro escondido. El sueño se repitió tres veces, y el rabino decidió partir. Al llegar a Praga, encontró el puente, aunque vigilado noche y día por centinelas. Eisik no se atrevió a excavar. Vagando por los alrededores, terminó por atraer la atención del capitán de los guardias, que amablemente le preguntó si había perdido alguna cosa. Con sencillez, el rabino le contó su sueño. El oficial estalló de risa: "¡Pobre hombre!, ¿verdaderamente has gastado tus suelas en recorrer todo este camino por un sueño? ¿Qué persona razonable creería en un sueño?". También el oficial había oído una voz en sueños: "Me hablaba de Cracovia y me ordena ir hasta allí y buscar un gran tesoro en la casa de un rabino llamado Eisik, hijo de Jekel. El tesoro debía ser descubierto en un polvoriento rincón, donde estaba enterrado, detrás de la estufa". Pero el oficial no otorgaba fe alguna a las voces oídas en sueños: "¿Entonces qué tendría que hacer? La mitad de los judío de esa ciudad se llama Eisik y la otra mitad se llama Jekel. Eso significaría que tendría que excavar debajo de cada casa de la ciudad." 
El rabino se inclinó hasta el suelo, le dio las gracias y se apresuro en volver a Cracovia. Excavó en el rincón abandonado de su casa y descubrió el tesoro que puso fin a su miseria.



"Así pues, comenta Heinrich Zimmer, "el verdadero tesoro, el que pone fin a nuestra miseria y a nuestras pruebas, nunca está muy lejos, no hay que buscarlo en un país alejado, pues yace sepultado en los lugares más recónditos de nuestra propia casa, es decir, de nuestro propio ser. Está detrás de la estufa, centro generador de vida y de calor que gobierna nuestra existencia, corazón de nuestro corazón, y sólo es cuestión de que sepamos excavar. Pero sucede el extraño y constante hecho de que sólo después de un piadoso viaje a una región lejana en un país extranjero, en una tierra nueva, podría revelarsele el significado de esta voz interior que conduce nuestra búsqueda. Y a este hecho extraño y constante se añade otro: quien nos revela el sentido de nuestro misterioso viaje interior debe ser también un extranjero, de otra creencia y de otra raza".
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